Una serie de cuerpos jóvenes, dibujados a lápiz, descansan sobre sábanas desordenadas. Son retratos que capturan el instante íntimo en que la melancolía se adhiere a la piel: miradas perdidas, gestos suaves, un erotismo tenue que no busca provocación, sino verdad. Cada trazo revela la soledad callada de esos chicos tumbados en su cama, suspendidos entre el deseo, el recuerdo y el silencio que queda cuando cae la noche.